Gracias a los sabios consejos de la mamá de Angel (oriunda de Hong Kong), hoy día aprendí a usar el calefón. Así que, después de dos días de estar duchándome con agua fría por fin pude disfrutar de los placeres de la civilización moderna. Casi me caen lágrimas cuando sentí las primeras gotas hirviendo en la cabeza, especialmente porque el día estaba particularmente frío, era muy temprano y además estaba lloviendo.

¡Tengo champú nuevo! Si Jackie Chan lo promociona, tiene que ser bueno. Tendré el pelo más oscuro y fuerte que nunca.

Jajaja.
Hoy día comencé las clases de cantonés! (De hecho, debería estar estudiando en este momento) Las clases ya habían empezado el martes de la semana pasada, y se supone que es un curso intensivo. Por lo que hoy cuando entré a la sala, los otros 6 compañeros me miraron un tanto extrañados. Y luego horrorizados, cuando les conté que me estaba incorporando a la clase y que apenas sabía hablar cantonés (lo único que sabía decir era "mi nombre es Bruno" y "por favor, deme una cerveza"). Incluso la profesora me miró con cara de "hola, te puedo ayudar a encontrar tu sala?", pero medio que aceptó el hecho de que yo iba a tomar clases particulares en la tarde para ponerme al día.
Mis compañeros son: dos japonesas (que son, ehm, muy japonesas), una adorable madre hindú (que tiene dos hijos de 7 y 11 años y es maternal con todos nosotros), una australiana que se encargó de recalcar varias veces que está pololeando, un periodista inglés (que es el chico que la lleva, todo un Beckham moreno), y un vikingo danés en sus cuarentas de casi metro noventa y al menos cien kilos de peso que no sé cómo se las arregla para caber en las sillitas de la sala de clases (y se le insinúa a una de las profes más entrada en años con cantonés en vías de desarrollo).
El curso promete. Estoy más que feliz, aunque la materia es BASTANTE y tengo que ponerme al día. Así que lo dejo hasta aquí por hoy!