sábado, 23 de julio de 2011

iLack

Es una lástima que los iPads no alcancen para todos.

viernes, 22 de julio de 2011

Karma Police

Témanle, al karma.

domingo, 10 de julio de 2011

Recordatorio

Bruno, haz más actualizaciones a tu blog. El gran felino te está mirando.

sábado, 11 de junio de 2011

Síndrome Camboya

Intentando ignorar el dolor en mi tobillo izquierdo (en otras palabras, haciendo de tripas corazón), caminaba lo más normal y prudentemente posible. Tenía cuarenta minutos para llegar al funicular, pues la guía no había querido darnos más tiempo. Que piedra suelta aquí, que piedra suelta ahí. La parte sin mantener de la Muralla está, efectivamente, sin mantener; ladrillos sueltos, arbustos, gravilla, escaleras rotas y toda suerte de trampas naturales. Un buen y entretenido desafío para los más audaces, pero un pequeño calvario para los lesionados. No puedo reclamar; a fin de cuentas, igual podía apoyar el pie y el curso de digitopuntura se justificó por fin tras revivirme parcialmente la movilidad de mi izquierdo amigo. Después de veinte minutos de lo que juraría fue caminar sobre cáscaras de huevo, logré llegar de vuelta a la parte mantenida. Un alivio. A un paso ahora ya un poco más tranquilo, me puse a repasar la caída, el evento del día (hacía un buen tiempo que no me sacaba la ñoña). En eso, me cruzo con un gringo jadeante que con ojos sudorosos me hizo una seña exhausta para que parara por un momento. "Oye, ¿y esto cuánto más allá sigue?" me preguntó. Volvió a su posición de espalda doblada, cabeza gacha, ambos brazos sobre los muslos y foz de iguaçú escurriendo furiosamente de su frente al suelo de piedra. No sé si habrá sido asmático, pues el físico lo acompañaba hasta cierto punto, pero ya veía que se moría ahí mismo. Levantó la cabeza de nuevo, apretando un ojo cosa que su par pudiera enfocar y esbozó una mueca de sudor (sí, una mueca sudorosísima) esperando mi respuesta. "Ehm, esto como que sigue para siempre... es la Gran Muralla", le respondí, pasándome de listo. Afortunadamente, no se lo tomó a mal; se rió y reformuló la pregunta. Así que mi nueva respuesta le indicó que esto seguía un poquito más allá, que la parte mantenida se terminaba y después era un zoológico de Muralla con una plantación de piedras sueltas y ladrillos quebrados, y que tuviera cuidado con lesionarse.
Retomando mis agradables escalones de vuelta en pos de mi destino (esa escalerita empinada se la peleaba a los incas), sus jadeos y gruñidos se perdieron rápidamente detrás mío. No sé si habrán sido vientos alisios espontáneos o una Muralla apologética alivianádome el paso, pero logré llegar a tiempo y (casi) sano y salvo de vuelta a mi familia, al funicular y al resto del tour.

viernes, 10 de junio de 2011

Ironía

No tengo nada contra el agua mineral elaborada en países en desarrollo, pero no pude evitar encontrar una gota de sarcasmo en el nombre de esta marca china. Especialmente si alguien termina por ahí con colitis o alguna otra afección intestinal por la ingesta de elementos ajenos a lo que se está acostumbrado. En mi posición de otrora víctima de intoxicación por tomar agua embotellada local (gracias, Indonesia), a todos quienes corran la misma suerte les digo: Wahaha.

viernes, 3 de junio de 2011

Victoria

Listo el posgrado. Hoy me entregaron la última nota. Si los doctorados entregan doctores, los masters entregan... maestros? Masters? Maestro Bruno? Bah, de cualquier modo estoy contento.

La foto fue tomada en la campiña neozelandesa, camino hacia los fiordos del sur.

domingo, 15 de mayo de 2011

Ovejitas en fuga

Íbamos llegando al monte Cook, en la isla sur de Nueva Zelanda, cuando al otro lado de la curva nos topamos con un pequeño mar de ovejas. No sólo estaban en la mitad del camino, sino que además corriendo hacia nosotros. Fue como ver una escena de Corazón Valiente protagonizada por pequeños rumiantes balando casi sanginariamente en contra nuestra.
Haciendo de tripas corazón, pisé el acelerador y acepté el desafío; esas ovejas eran el único obstáculo entre nosotros y el parque nacional y no iba a dejar que interrumpiesen nuestras vacaciones siquiera por un instante. Al cabo de unos años será la historia la encargada de juzgar quién salió victorioso aquel día, pero al menos logramos llegar al campamento y las ovejas siguieron su feliz estampida luego de evadir el auto grácilmente.

viernes, 15 de abril de 2011

Ay, carrumba!

Pues sí, se me vino marzo. Y abril. En relación a la entrada anterior, debo detallar que el clima ha sido extremadamente benévolo, dándonos varios días de brisa, nubes e incluso un poco de frío. Ahora ya se está asentando con derecho la alta primavera, con un sol más prolongado, un poco más de humedad y menos ropa.

Se me acaban las clases! Y también el tiempo para escribir ensayos y exámenes para la casa. Pero entre tanto escribe que escribe sí hemos tenido escapaditas, como la foto de abajo. Fue un paseo a terreno que hicimos con uno de mis cursos, para ver la torre de generación eólica que había en una isla. A decir verdad, no fue más que una excusa para hacer un asado en la casa del profe (el grandotón buena onda de la izquierda) y pasarlo bien. Cosa que hicimos como buenos alumnos, ja.

No estoy seguro si vuelva a postear en algunas semanas; el miércoles se acaba mi posgrado y ese mismo día tomo un avión para escapar por unos cuantos días de la radiación incipiente que está llegando a Hong Kong. Un abrazo a todos!

lunes, 21 de marzo de 2011

Primaveraahhrrgghhh

Pues sí. Aquella sensación maravillosa llegó. En otros países del hemisferio norte todavía abunda el frío; los pajaritos cantan (la vieja se levanta) entre capullos que comienzan a armarse de valor para hacerle frente al clima y clavar el estandarte de la nueva estación. Otros países gozan de temperaturas más cálidas; toda clase de animalitos retoza en el verde y ríe bajo la lluvia de pétalos exhuberante que grita a todo pulmón clorofílico "¡Primavera!". En Hong Kong no. Casi no hay verde. Si cantan los pájaros es porque están tosiendo gracias al smog o porque están intentando respirar con trinos forzados en un aire tan cargado de humedad que los peces podrían perfectamente hacer su vida en tierra firme.

Ayer prendí el aire acondicionado por primera (y segunda) vez en cinco meses. Calentamiento global, apiádate de nosotros por favor. Mi cuenta eléctrica te lo agradecerá.
A la luz.

viernes, 11 de marzo de 2011

Terremoto

Afortunadamente, los casi tres mil kilómetros que separan a Hong Kong del epicentro del terremoto ocurrido en Japón lograron amortiguar las ondas y no sentimos nada por acá. Beijing, estando a algo así como dos mil quinientos kilómetros sí sintió el seísmo, uf!
Hace tres años tuve la oportunidad de visitar la zona más cercana al epicentro, Sendai, y aproveché de tomar este par de fotos del santuario cercano en la zona de Matsushima, uno de los tres tesoros de Japón.
Considerando que las primeras olas que azotaron la costa de arriba tenían entre cuatro y seis metros (con olas de hasta diez metros pronosticadas), lo más probable es que en estos momentos todos esos pinitos (y ni hablar de la ciudad de Matsushima, que estaba directamente al lado del mar) estén bajo el agua.
Lo que sí me llamó la atención cuando fui de visita el 2008 fue la cantidad de letreros mostrando las rutas de escape en caso de tsunami. Sólo espero que la gente las haya seguido.

Nota: este, muy probablemente, va a ser el terremoto mejor documentado de la historia.

Mandarín


Me hace sentir como si tuviera un gecko metido en la cabeza. Estudio, estudio, estudio.

Fauna australiana

Simplemente porque me gusta la foto. Si usted no es amante de la familia de los Odonatos, no se preocupe; la próxima foto que suba muy probablemente será de un anfibio. O reptil, no estoy seguro.

domingo, 6 de marzo de 2011

Recta casi final

Pues sí, cómo vuela el tiempo. Ni me di cuenta y comencé con el segundo semestre, y recién me cayó la teja que me queda algo así como un mes y medio de clases. Periodo en el cual he de terminar incontables ensayos, exámenes, presentaciones y pruebas para la casa (una de las cuales estoy evitando contestar al escribir estas palabras, ¡viva la procrastinación!). Y después, ¿qué? Viajar un poco, trabajar otro poco (probablemente como profesor de español) y luego volver a Chilito por unos pocos meses antes de regresar a este lado del mundo. Este 2011 se va a pasar volando, ¡aupa!

miércoles, 23 de febrero de 2011

Para los otros dos de los cuatro fantásticos

Descubriendo Japón por primera vez. Importunando a todos esos pobres japonecitos que tuvieron la mala suerte de estar caminando a nuestro lado mientras tronaban nuestras risas ininteligibles para ellos. Devorando todo lo que las calles tenían para ofrecer. Arrasando con las tiendas de suovenires y manga.
Ese fue casi el templo de Alfredo durante el resto del viaje. Yodobashi Camera, al más puro estilo Homecenter Sodimac/Easy, es una franquicia de tiendas electrónicas (y no tan electrónicas) a lo largo de Japón.
Chomp, ñom, argh. Los locos sabores de Crazy Crêpes nos acompañaron durante el resto del viaje. No es que se llamaran así todas las tiendas, pero bueh, era más simple ponerle ese nombre para evitar confusiones. Randommente, me pregunto si la palabra confusión vendrá del filósofo chino Confucio.
Nada más genial. Pegarle a los taikos (tambores japoneses) siguiendo el ritmo en la pantalla. Podías elegir desde clásicos de nintendo a los grandes hits de Beethoven a la más reciente (y freak) música pop japonesa. Le pegamos un par de pantallazos negros a la pobre consola de tan fuerte que le azotábamos a los tambores. Tan brutitos que nos habrán de ver.
Fuimos a batear una noche, a descargar la 'ira' acumulada en el viaje. Jajaja. Normalmente a estos lugares vienen hombres de salario después de la pega (quizás ya medio borrachos) a deshacerse del estrés mientras batean.
En ese bar, cada una hora se apagaban las luces y dejaban unas luces ultravioletas mientras te atacaban unos monstruos. De haber habido una chiquilla entre nosotros (bu) se habría ido de toqueteada de piernas por parte del monstruo. El show dura alrededor de diez minutos, y al final de la 'función' una de las meseras vestidas de policía arrestaba al monstruo (a decir verdad, a cualquiera de nosotros nos hubiera gustado ser arrestados por esa policía, uf!).
Miyajima, y la acrobacia de Andrés. Una barra de escalera pareja y continuada por algo así como veinte o veinticinco metros, y abajo va! Al aterrizar sacó aplausos de los japonecitos que estaban esperando en la base a que Andrés bajara por completo (y sacando fotos de este turista bárbaro que estaba haciendo locuras).
Monte Misen, en Miyajima. El día soleado de invierno súbitamente se transformó en una proto-tormenta de nieve. Después de media hora de estar sacando fotos en polera caí en cuenta que era mejor ponerme la chaqueta; los dedos ya no estaban apretando el obturador de lo entumidos y me resultaba más bien molesto.
Los pobres me tuvieron que esperar un buen rato bajo la nieve a que terminara de sacar mis fotos. Puntos a ellos por la paciencia!
Después del monte fuimos al santuario de monitos, pero hace rato ya que se habían ido a acostar. Así que no pudimos sacarnos fotos con macacos comiéndonos los piojos, para la otra será.
Ah, karaoke. Probablemente una de las cosas más japonesas en Japón. Y como donde fueres haz lo que vieres, todo cantado en japonés. Echamos a volar nuestra imaginación en más de una ocasión. Si hubiéramos ido con algún japonés, le hubiera dado un síncope al ver cómo asesinábamos su lenguaje.
Sapporo, y las grosas tormentas de nieve nocturnas. Alfredo llevó los anteojos oscuros una noche sólo para que no le entrara nieve a los ojos. Hubiera sido más apropiado llevar goggles para nadar.
Al menos nos salió el sol un día. Hurra!
Alfredo ideaba planes para asesinar a todos los transeúntes aledaños cada vez que hacíamos un alto para sacar fotos. Esperemos que Sapporo no eche de menos a todas esas personas. :P

martes, 22 de febrero de 2011

Vistas niponas.

Sospecho que las fotos de paisajes que había subido no se podía abrir, por lo que modifiqué el tamaño de algunas para que se puedan apreciar un poco mejor. Estas son las joyitas que sacamos en Japón.
Hakone, cerca del monte Fuji. Una vez instalados en el hotel, le preguntamos al receptionista sobre dónde quedaba la huella para caminar más cercana. Nos dio las indicaciones, y al parecer el inicio del camino quedaba a unos quinientos metros. Nos mostró la ruta en el mapa y dijo: 'Hasta este centro turístico son aproximadamente cuatro horas, tengan cuidado por favor'. Treinta y cinco minutos después estábamos llegando a dicho centro turístico. Cuento corto (ya alguna otra vez subiré más fotos de esa caminata, había varios lugares bonitos en el camino), llegamos a dicho centro turístico, buscamos la montaña más alta que alcanzábamos a ver y la escalamos.
El camino de ida hasta la cima fue de alrededor de una hora y media. En la cima misma pillamos el atardecer casi en su punto cúlmine, pero tuvimos que regresar rápidamente para que no nos pillara la noche. Teníamos linternas y provisiones, pero por ningún motivo nos íbamos a perder la comida que teníamos reservada en el hotel.
El camino de vuelta nos regaló preciosas vistas de una luna naciente y un monte Fuji semidespejado. Como buen día fuera de temporada, fuimos los únicos turistas que anduvimos caminando por los alrededores.
Ya en Miyajima, unos cuantos cientos de kilómetros al sur, al lado de Hiroshima, nuevamente emprendimos el camino a la cumbre del punto más alto (no sé qué vamos a hacer con esta mala costumbre si alguna vez pasamos por Nepal), que no era tan elevado, pero lo suficiente como para entregar bonitas fotos.
Años atrás ya habíamos hecho lo mismo con la Ceci y con mi papá (la mamá nos acompañó en espíritu desde las profundidades de los sueños de madrugada), pero nunca al atardecer. El cielo amenazaba con tormenta, pero entre disparos de nieve el sol se las arregló para asestar una que otra luz cegadora.
Esta vez los héroes de la historia fueron mis hermanos. Mención especial a Andrés que me hizo piecito para poder subir a la roca más alta del lugar (yo andaba con pantalones de vestir, lo cual me imposibilitaba hacer peripecias demasiado audaces. Después de rasparme los brazos y estómago intentando escalar ese peñasco, Andrés se compadeció y me ofreció los hombros).
Desde ahí la vista no podía ser mejor. Se veía hasta Hiroshima a la lejanía. Quién hubiera pensado que hace casi 70 años eso era un peladero en llamas producto de la bomba. Esperemos que los conflictos en el medio oriente y el calentamiento global no nos lleven de vuelta a eso.
Cerro abajo tuvimos una vez más lindas vistas del atardecer. Unas pocas horas más tarde se pondría a nevar furiosamente, sacándole varios 'oh!' y 'ah!'s a los habitantes locales. Parece que nieve en esa época del año no era demasiado común. Patas parriba, el clima. Pónganse las pilas, Naciones Unidas y G20. Tuvalú y todas las naciones-islas a ras de mar se los van a agradecer.
Por último, vista de Sapporo desde la torre homónima. Algo así como cien metros más pequeña que la torre de Tokio (la que, a su vez, es un metro más alta que la torre Eiffel... Ah, Japón), la torre de Sapporo domina el espacio aéreo de esta ciudada más bien septentrional. Nada mejor que un poco de nieve como para escapar del verano del hemisferio sur.